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mercredi 1 février 2023

El cuidado de sí mismo

La idea de darnos a nosotros mismos lo que queremos y necesitamos puede causar confusión, especialmente si hemos pasado muchos años no sabiendo que está bien que nos cuidemos a nosotros mismos. Quitar nuestra energía y nuestra concentración de los demás y de sus responsabilidades y poner esa energía sobre nosotros y nuestras responsabilidades es una conducta de recuperación que se puede adquirir.

La aprendemos a través de la práctica cotidiana.

Empezamos por relajarnos, respirar profundamente y dejar ir los miedos lo suficiente para sentirnos lo más en paz que podamos. Luego, nos preguntamos a nosotros mismos: ¿qué necesito hacer para cuidar de mí mismo hoy, o en este momento?

¿Qué necesito y qué quiero hacer?

¿Qué demostraría amor y autorresponsabilidad?

¿Estoy atrapado en la creencia de que los otros son responsables de hacerme feliz, de que son responsables de mí?

Entonces, lo primero que debo hacer es corregir mi sistema de creencias. Yo soy responsable de mí mismo.

¿Me siento ansioso y preocupado por una responsabilidad que he estado descuidando? Entonces, tal vez necesito dejar ir mis miedos y atender esa responsabilidad.

¿Me siento abrumado, fuera de control? ¿He estado trabajando demasiado? Tal vez lo que necesite hacer sea darme un descanso y hacer algo divertido.

¿He estado descuidando mi trabajo o mis tareas cotidianas? Entonces, tal vez lo que necesite hacer es volver a mi rutina.

No hay una receta, una fórmula, una guía para el cuidado de uno mismo. Cada uno de nosotros tiene una guía, y esa guía está en nuestro interior. Necesitamos hacernos la pregunta: ¿Qué necesito hacer para cuidar amorosa, responsablemente de mí mismo? Luego, necesitamos escuchar la respuesta.

Cuidar de uno mismo no es tan difícil. La parte más desafiante está en confiar en la respuesta, y en tener el valor de actuar conforme a ella una vez que la hemos escuchado.

Hoy me concentraré en cuidar de mí mismo. Confiaré en mí mismo y en mi Poder Superior para guiarme en este proceso.


Melody Beattie

samedi 3 septembre 2022

Cómo tomar responsabilidad de tus acciones

Lo siento por haber dirigido mi enfado hacia ti.

Puedo ver que te lastimé. Quiero evitar reaccionar así en el futuro. ¿Podemos hablar al respecto cuando estés listo?

Tomo responsabilidad por mi parte en esto… específicamente.

Lo que dije fue hiriente.

Podría haber dicho eso de una manera diferente. Veo cómo fue hiriente.

Lo siento por cómo reaccioné. Puedo ver cómo X fue desagradable. Voy a trabajar en ello.

No hay excusa para la manera en la que reaccioné. Fue equivocada y quiero que trabajemos para asegurarnos que no suceda otra vez.

Cometí un error, voy a corregirlo haciendo… específicamente.

Tienes todo el derecho a molestarte. Se que perdí el control.

@sitwithwhit


vendredi 30 août 2019

La Tienda de la Verdad

Un buscador no podía dar crédito a sus ojos cuando vio el nombre de una tienda: “La Tienda de la Verdad”… Así que que allí se vende Verdad, pensó.

Entró excitado en la tienda y una correctísima dependienta le preguntó:

- ¿Qué clase de Verdad desea usted comprar, Verdad Parcial o Verdad Plena?

- Verdad Plena, por supuesto, le respondió el buscador. No deseo fraudes, ni apologías, ni racionalizaciones. Sólo Verdad Plena. Lo que deseo es mi Verdad desnuda, clara y absoluta. ¿Qué ignorante desearía Verdad Parcial?, le cuestionó a la dependienta.

La dependienta le condujo amablemente a otra sección del establecimiento en la que se vendía la Verdad Plena. El vendedor que trabajaba en aquella sección miró al buscador compasivamente y le señaló la etiqueta en la que figuraba el precio.

- El precio es un poco elevado, señor, le dijo el dependiente.

- ¿Cuál es el precio? Le preguntó el buscador, decidido a adquirir la Verdad Plena al precio que fuera.

- Si usted adquiere la Verdad Plena, le dijo el dependiente, el precio consiste en no entretenerse con nimiedades ni olvidarse de usted mismo nunca más, además de asumir su propia responsabilidad durante el resto de su vida.

- Oh, vaya precio. Deme un momento que voy a calcular, le respondió el buscador.

El buscador salió de la tienda en plena confusión.

Había dado por hecho que podría adquirir la Verdad a cualquier precio pero justo en ese momento sintió que no estaba aún listo para ella.

De vez en cuando ansío la paz y el descanso en mí mismo, pensó, pero todavía necesito entretenerme un poco en mi pequeño mundo de justificaciones y sufrimientos innecesarios. Además siento gusto cuando responsabilizo a los demás de lo que me pasa. Siento que el pago es demasiado elevado, pues aún busco refugio en mis creencias irrefutables. Esperaré un tiempito más para adquirir la Verdad Plena, se dijo, y se alejó tranquilamente de La Tienda de la Verdad sin sentir contradicción.

Fuente: Muro de Escuela Camino 4 Uruguay

vendredi 29 mars 2019

La cultura de la culpa - Borja Vilaseca

Con la finalidad de preservar la inocencia con la que nacimos, solemos quejarnos y victimizarnos constantemente, culpando a los demás, a nuestras circunstancias e incluso a la vida por todo lo ‘malo’ que nos sucede.
Caminando por un prado, un granjero se encontró un huevo de águila. Lo metió en una bolsa y, una vez en su granja, lo colocó en el nido de una gallina de corral. Así fue como el aguilucho fue incubado y criado junto a una nidada de pollos. Al creer que era uno de ellos, el águila se limitó a hacer durante toda su vida lo mismo que hacían todos los demás. Escarbaba en la tierra en busca de gusanos e insectos, piando y cacareando. Incluso sacudía las alas y volaba unos metros por el aire, imitando así el vuelvo del resto de gallinas.
Los años fueron pasando y el águila se convirtió en un pájaro fuerte y vigoroso. Y un buen día, divisó una magnífica ave que planeaba majestuosamente por el cielo. El águila no podía dejar de mirar hacia arriba, asombrado de cómo aquel pájaro surcaba las corrientes de aire moviendo sus poderosas alas. “¿Qué es eso?”, le preguntó maravillado a una gallina que estaba a su lado.
“Es el águila, el rey de todas las aves”, respondió cabizbaja su compañera. “Es todo lo contrario de lo que somos. Tú y yo hemos nacido para mantener la cabeza agachada y mirar hacia el suelo.” Y así fue como el águila nunca más volvió a mirar hacia el cielo. Tal como le habían dicho, murió creyendo que era una simple gallina de corral.
LA SOCIEDAD PREFABRICADA
“Estamos produciendo seres humanos enfermos para tener una economía sana.”
ERICH FROMM
La sociedad es un fiel reflejo de cómo pensamos, somos y nos comportamos la mayoría de individuos. Y en paralelo, cada uno de nosotros es una creación hecha a imagen y semejanza de la manera de pensar, de ser y de comportarse de la sociedad. Y más allá de potenciar nuestras fortalezas y cualidades innatas, la maquinaria del sistema capitalista nos ha convencido, al igual que le sucedió al aguilucho, de que somos simples gallinas de corral. Por eso solemos vivir limitados por nuestros miedos, frustraciones y carencias.
De hecho, el crimen más grande que se ha cometido en contra la humanidad ha sido –y sigue siendo– condicionar la mente de los niños con falsas creencias que obstaculicen su propio descubrimiento de la vida. A esa edad, todos somos inocentes. No podemos defendernos de la poderosa influencia que la sociedad ejerce sobre la construcción de nuestro sistema de creencias y, por ende, sobre la creación de nuestra identidad.
Debido a nuestra incapacidad para discernir, cuestionar y decidir, a lo largo de nuestra infancia no nos queda más remedio que creernos las normas, directrices y dogmas que nos son impuestos desde afuera. Por más que a este proceso le sigamos llamando «educación», en realidad es más certero denominarlo «cadena de montaje». De ahí que muchos sociólogos afirmen que formamos parte de una «sociedad prefabricada».
EL FIN DE LA INOCENCIA
“Lo que se les dé a los niños, los niños darán a la sociedad.”
(Karl Menninger)
Generación tras generación, los adultos vamos proyectando de forma inconsciente nuestra manera de ver y de comprender el mundo sobre los más pequeños. Cabe recordar que cuando nacen, los niños son como una hoja en blanco: limpios, puros y sin limitaciones ni prejuicios de ningún tipo. De hecho, la palabra «inocencia» procede del latín «innocentia», que significa «estado del alma limpia de culpa». Es decir, aquello que los adultos, ya prefabricados, solemos anhelar constantemente.
No obstante, en general somos personas victimistas. Por eso el victimismo se ha convertido en uno de los rasgos más destacados de la sociedad contemporánea. Y dado que a nivel emocional sólo podemos compartir con los demás aquello que primero hemos cultivado en nuestro interior, entre todos hemos creado y consolidado «la cultura de la culpa». Así, la mayoría de seres humanos intentamos diariamente eludir cualquier tipo de responsabilidad, poniendo de manifiesto nuestra falta de madurez. Y como no, se trata de una limitación que terminamos inculcando sobre las nuevas generaciones.
Entre otros ejemplos cotidianos, es común ver a un niño pequeño chocar contra una mesa y caerse al suelo. Y puesto que el golpe le ha producido dolor, en ocasiones se pone a llorar. Su llanto suele llamar la atención del adulto que lo está cuidando en ese momento, que enseguida corre para atenderlo. Si bien la mesa es un objeto inerte, carente de voluntad y libre albedrío, el cuidador, con todas sus buenas intenciones, comienza a gritar «¡mesa mala!, ¡mesa mala!» Estas acusaciones suelen tranquilizar al niño, que a su vez comienza a imitar a su tutor, culpando a la mesa del golpe y de su dolor.
ADICTOS A LA QUEJA
“Nos quejamos cuando el agua de la ducha sale fría, pero ¿acaso valoramos cada vez que sale caliente?”
(Christophe André)
Visto con perspectiva, lo cierto es que es muy fácil protestar por el funcionamiento del sistema capitalista. Basta con abrir la boca y decir lo que pensamos. Es muy fácil quejarse por la manera en la que se gestionan las empresas. Basta con abrir los ojos y reparar en lo que vemos. Es muy fácil criticar y juzgar la actitud de nuestros políticos. Basta con abrir los oídos y escuchar la forma en que estos hablan. Es muy fácil lamentarse por el comportamiento de la sociedad. Basta con estirar el brazo y señalar sus errores y defectos.
Es tan fácil protestar, quejarse, criticar, juzgar y lamentarse que todos sabemos cómo hacerlo. Basta con adoptar el rol de víctima y creer que el mundo es un lugar injusto, en el que la culpa de nuestros problemas, conflictos y sufrimientos siempre la tienen los demás. Sin embargo, en última instancia somos co-creadores y co-responsables de que la economía sobre la que se asienta nuestra existencia sea tal y como es. De hecho, con nuestra manera de ganar, de gastar, de invertir y de ahorrar dinero apoyamos y validamos el sistema cada día.
Con respecto a las empresas, si no fuera por ellas no habría empleo. Y sin éste, careceríamos de ingresos con los que cubrir nuestras necesidades básicas. Más allá de cuáles sean nuestras circunstancias sociales y económicas, fichamos cada lunes en la oficina por elección propia. Además, mediante el consumo diario de productos y servicios permitimos la subsistencia de millones de compañías. Es cierto que vivimos condicionados por la publicidad y el marketing, pero nadie nos apunta con una pistola para saciar nuestros caprichos y deseos.
CADENAS INVISIBLES
“La esclavitud más denigrante es la de ser esclavo de uno mismo.”
(Séneca)
Un veterano mercader de camellos atravesaba el desierto del Sahara junto con su hijo adolescente, que era la primera vez que lo acompañaba. Al caer la noche, decidieron acampar en un oasis. Tras levantar la tienda, padre e hijo empezaron a clavar estacas en el suelo para atar con cuerdas a los camellos. De pronto, el joven se dio cuenta de que tan sólo habían llevado 19 estacas y 19 cuerdas, y en total había 20 camellos.
“¿Cómo atamos a este camello?”, preguntó inquieto el hijo adolescente. Y el mercader, que llevaba muchos años recorriendo el desierto, le contestó, sonriente: “No te preocupes, hijo. Estos animales son muy tontos. Haz ver que le pasas una cuerda por el cuello y luego simula que lo atas a una estaca. Así permanecerá quieto toda la noche.” Eso es precisamente lo que hizo el chaval. El camello, por su parte, se quedó sentado e inmóvil, convencido de que estaba atado y de que no podía moverse.
A la mañana siguiente, al levantar el campamento y prepararse para continuar el viaje, el hijo empezó a quejarse a su padre de que todos los camellos le seguían, excepto el que no habían atado. Impasible, el animal se negaba a moverse. “¡No sé qué le pasa a este camello!”, gritó indignado. “Parece como si estuviese inmovilizado”. Y el mercader, sin perder la sonrisa, le replicó: “¡No te enfades, hijo! El pobre animal cree que sigue atado a la estaca. Anda, ve y haz ver que lo desatas.”
LA ASUNCIÓN DE LA RESPONSABILIDAD
“Hemos levantado la estatua de la libertad sin haber construido primero la de la responsabilidad.”
(Viktor Frankl)
Aunque la culpa nos alivia, también nos ata con cuerdas que no existen a estacas invisibles. Lo curioso es que la culpa sólo existe en aquellas sociedades que promueven el victimismo y niegan la responsabilidad. Si el niño pequeño, inspirado por el adulto que lo acompaña, asume que ha chocado contra una mesa –por seguir con el ejemplo anterior–, estará en el camino de aprender que ha sido él, y no la mesa, quien ha provocado su dolor. Y puesto que con los años el niño se convierte en adulto, a menos que abandone el victimismo seguirá culpando a los demás, a las circunstancias e incluso a la vida cada vez que choque contra cualquier persona, cosa o situación que le produzca dolor.
Y es que solemos quejarnos de nuestra pareja y de nuestros hijos, pero ¿acaso nos responsabilizamos de que somos nosotros quiénes los hemos elegido? Solemos maldecir a nuestro jefe y a nuestra empresa, pero ¿acaso nos responsabilizamos de que somos nosotros quiénes hemos escogido nuestra profesión y nuestro lugar de trabajo? Y en definitiva, solemos lamentarnos de que nuestras circunstancias actuales son como son, pero ¿acaso nos responsabilizarnos de que éstas son el resultado, en gran medida, de las decisiones que hemos ido tomando a lo largo de nuestra vida?
Curiosamente, al observar más detenidamente el actual escenario socioeconómico, todos estamos de acuerdo en un mismo punto. La mayoría de ciudadanos nos lamentamos por la falta de líderes, por la ausencia de referentes y, sobretodo, por la decadencia de valores que padece ahora mismo la sociedad. Esta percepción generalizada pone de manifiesto que estamos en contra de muchas cosas, pero ¿a favor de qué nos posicionamos? Y tal vez más importante: ¿quién asume la responsabilidad de convertirse en el cambio que quiere ver en el mundo?

Artículo publicado por Borja Vilaseca en El País Semanal el pasado 28 de noviembre de 2010.
Fuente: https://borjavilaseca.com/la-cultura-de-la-culpa/

vendredi 19 mai 2017

Culpar a otros - Lisa Philips

Puede que no desees escuchar esto pero, eres responsable de lo que está sucediendo en tu vida... y tu vida es tu responsabilidad.
¡Desafortunadamente, nadie va a venir a salvarte!
En todas las situaciones de la vida, tienes la libertad de escoger cómo reaccionarás y qué acciones tomarás.
También tienes el poder de elegir tus pensamientos.
Puede haber algunas fuerzas que claramente están fuera de tu control, pero tienes la posibilidad, incluso en esta situación de elegir cómo reaccionar.
Con frecuencia entramos en el hábito de culpar a otras personas por nuestras circunstancias o nuestra infelicidad.
Terminamos quejándonos con nuestros amigos o cualquier persona que escuche. Por ejemplo:
"mi pareja no me permite hacer cosas" "mi jefe no me escuchará" "es culpa de mis padres que yo sea como soy"
¿Culpas a tu jefe por tu falta de ingresos? Si lo haces, ¿culparlo cambiará las cosas? ¿Ayudará en la situación?
¿Culpas a tu pareja por tu relación infeliz o te sientas autocompadesiéndote culpando a tus padres porque ellos lo hicieron así?
Si lo haces, entonces solo estás preparándote por más miseria y manteniéndote estancado en el juego de la culpa.
La verdad del tema es que culpando a otros, estás dándole a alguien más el poder de impactar en tu vida de una forma masiva. Cuando estás señalando con el dedo de la culpa a alguien más, ¿a quién o a qué le has dado tu poder? Con frecuencia terminamos culpando a otros, pues es más fácil que tomar acción y hacernos responsables de nosotros mismos.
Si algo no está funcionando en tu vida, en lugar de culpar a otros, mira qué acción puedes tomar para resolver la situación y tomar responsabilidad. Con frecuencia, creo que tenemos tres opciones en las situaciones que pueden no estar funcionando para nosotros: Aceptarla, cambiarla o alejarnos de ella.
Por ejemplo, si no disfrutas tu trabajo o sientes que no estás ganando lo suficiente, toma responsabilidad y haz algo al respecto. Habla con tu jefe o actualiza tu resumé y sal a buscar trabajo. Si no eres feliz en tu relación, habla con tu pareja y si aún sigues infeliz - déjalo ir y sigue adelante.
Prueba este pequeño ejercicio

  • ¿Dónde en tu vida estás culpando a otros?
  • ¿A quién le has dado tu poder en esta situación?
  • ¿Cuáles son las consecuencias de culpar a otros en esta situación?
  • ¿Qué específicamente necesitas hacer para tomar responsabilidad en esta situación ahora?
Así que si te encuentras señalando y culpando a alguien más, pregúntate qué puedes hacer para resolver esa situación y actúa.
Recuerda, cuando señalas con tu dedo a alguien, estás también señalando con tres dedos hacia tí mismo.



Lisa Phillips es una ganadora de Life and Confidence Coach en Sydney Australia. Ella es también la autora del libro ' The Confidence Coach' ( www.theconfidencecoachbook.com) Lisa aparece regularmente en TV y radio y su trabajo está publicado en un amplio rango de revistas internacionales.
www.amazingcoaching.com.au

jeudi 22 janvier 2009

Negocios Conscientes - Fred Kofman

Ser creativo

¿Qué pasa en las interacciones?
¿Qué desafíos va a enfrentar?

No posponer
Comprometerse con uno mismo

Un negocio alineado con su vida
Práctica: Forma en la que me comprometo con el mundo, ¿cómo expreso mi espíritu?

¿Qué caracter admira? Por ejemplo, el Dalai Lama, ¿qué valores representa?
¿Qué tiene esa persona que genera admiración? (Cualidad) Por ejemplo, compasión.
¿Cómo observamos esa cualidad? ¿Cómo la demuestra?

Algunas cualidades: liderazgo, humildad, pasión, creatividad, persistencia.
¿Cómo elegimos vivir la vida? ¿Qué cualidades practicamos?

Un negocio es un gran ámbito para expresar esas cualidades
¿Cómo encontrar un equilibrio?
Pasión + Música del Corazón + Habilidad

¿Y si incluimos nuestro nombre en la lista de las personas que admiramos?

¿Cómo transmitimos nuestra música en la práctica?

Responsabilidad Incondicional: 

Aprovechar lo que la vida nos envía, es decir observar cómo actuamos y qué retroalimentación recibimos. El mundo se mueve.
¿Cómo escogemos nuestras acciones?
¿Cómo respondemos a los eventos diarios expresando nuestras cualidades?
¿Qué significa actuar con ... -determinada cualidad?
¿Cómo respondemos sin importar el resultado?
¿Qué vida necesitamos para expresar nuestras cualidades?

Algunas veces observamos nuestros errores o fallos
¿Qué pasa cuando las cosas no salen bien?
¿Expresamos siempre nuestros valores ante situaciones difíciles?
¿Cómo respondemos a los desafíos?
¿Y si no nos preocupamos por el resultado?

Enfocarnos en lo que hacemos: el propósito y el objetivo. Tratar de ser exitosos, pero lo importante es ver por el espejo retrovisor y ver Integridad.

Comunicar incluye dos caras: expresar mi verdad y escuchar la verdad de otros.

Honestidad & Respeto
El secreto es la humildad
Solo es una perspectiva, es una opinión, nuestro punto de vista es único.
Hay muchas personas que no piensan como nosotros pensamos, pero no son estúpidos.
Tomemos en cuenta la perspectiva del otro - clave para aprender. Ese es el gran impacto de las conversaciones, transforman.
Podemos decidir, pero eso no significa acción.
Podemos comprometer a las personas desde su integridad para hacer que las cosas sucedan.

Trasladar nuestros valores al servicio
Capitalizar: dar valor a nuestro servicio, un valor es un precio.

Internet ha cambiado la consciencia, ha transformado la forma en la que intercambiamos, la forma en la que pensamos.

¿Cómo mostramos que lo que hacemos es sorprendente?
A cualquier problema, con alquimia, podemos ponerle "dulce".

La negociación ganar/ganar: construir sobre el límite de nuestros valores.
¿Cómo vamos a trabajar? ¿Cómo vamos a vivir? ¿Cómo nos respetamos?

Perspectiva: ¿Cómo somos felices?
¿Cómo honramos nuestro ser?

Podemos no ser "competentes" para algunos trabajos.
Siempre es más importante la integridad
¿Nos vemos con orgullo al espejo?
¿Si no hay valores compartidos?

¿Cómo nos comportamos? ¿Depende de cómo se comporta la gente?

Para crear comunidad, podemos seleccionar personas.
Qué es lo más importante, ¿jugar limpio o ganar?

Verbal AIKIDO
Manejar los ataques verbales efectivamente y pacíficamente. Transformar la situación conflictiva en algo positivo.
¿Cómo crear armonía con energías opuestas?
Aquien te ataca, redirigir la energía, sin oponerse o exponerse...
Otra posibilidad:
Vivir los valores hábilmente.
No comportarnos de la misma forma en la que los demás se comportan con nosotros.