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vendredi 29 mars 2019

La cultura de la culpa - Borja Vilaseca

Con la finalidad de preservar la inocencia con la que nacimos, solemos quejarnos y victimizarnos constantemente, culpando a los demás, a nuestras circunstancias e incluso a la vida por todo lo ‘malo’ que nos sucede.
Caminando por un prado, un granjero se encontró un huevo de águila. Lo metió en una bolsa y, una vez en su granja, lo colocó en el nido de una gallina de corral. Así fue como el aguilucho fue incubado y criado junto a una nidada de pollos. Al creer que era uno de ellos, el águila se limitó a hacer durante toda su vida lo mismo que hacían todos los demás. Escarbaba en la tierra en busca de gusanos e insectos, piando y cacareando. Incluso sacudía las alas y volaba unos metros por el aire, imitando así el vuelvo del resto de gallinas.
Los años fueron pasando y el águila se convirtió en un pájaro fuerte y vigoroso. Y un buen día, divisó una magnífica ave que planeaba majestuosamente por el cielo. El águila no podía dejar de mirar hacia arriba, asombrado de cómo aquel pájaro surcaba las corrientes de aire moviendo sus poderosas alas. “¿Qué es eso?”, le preguntó maravillado a una gallina que estaba a su lado.
“Es el águila, el rey de todas las aves”, respondió cabizbaja su compañera. “Es todo lo contrario de lo que somos. Tú y yo hemos nacido para mantener la cabeza agachada y mirar hacia el suelo.” Y así fue como el águila nunca más volvió a mirar hacia el cielo. Tal como le habían dicho, murió creyendo que era una simple gallina de corral.
LA SOCIEDAD PREFABRICADA
“Estamos produciendo seres humanos enfermos para tener una economía sana.”
ERICH FROMM
La sociedad es un fiel reflejo de cómo pensamos, somos y nos comportamos la mayoría de individuos. Y en paralelo, cada uno de nosotros es una creación hecha a imagen y semejanza de la manera de pensar, de ser y de comportarse de la sociedad. Y más allá de potenciar nuestras fortalezas y cualidades innatas, la maquinaria del sistema capitalista nos ha convencido, al igual que le sucedió al aguilucho, de que somos simples gallinas de corral. Por eso solemos vivir limitados por nuestros miedos, frustraciones y carencias.
De hecho, el crimen más grande que se ha cometido en contra la humanidad ha sido –y sigue siendo– condicionar la mente de los niños con falsas creencias que obstaculicen su propio descubrimiento de la vida. A esa edad, todos somos inocentes. No podemos defendernos de la poderosa influencia que la sociedad ejerce sobre la construcción de nuestro sistema de creencias y, por ende, sobre la creación de nuestra identidad.
Debido a nuestra incapacidad para discernir, cuestionar y decidir, a lo largo de nuestra infancia no nos queda más remedio que creernos las normas, directrices y dogmas que nos son impuestos desde afuera. Por más que a este proceso le sigamos llamando «educación», en realidad es más certero denominarlo «cadena de montaje». De ahí que muchos sociólogos afirmen que formamos parte de una «sociedad prefabricada».
EL FIN DE LA INOCENCIA
“Lo que se les dé a los niños, los niños darán a la sociedad.”
(Karl Menninger)
Generación tras generación, los adultos vamos proyectando de forma inconsciente nuestra manera de ver y de comprender el mundo sobre los más pequeños. Cabe recordar que cuando nacen, los niños son como una hoja en blanco: limpios, puros y sin limitaciones ni prejuicios de ningún tipo. De hecho, la palabra «inocencia» procede del latín «innocentia», que significa «estado del alma limpia de culpa». Es decir, aquello que los adultos, ya prefabricados, solemos anhelar constantemente.
No obstante, en general somos personas victimistas. Por eso el victimismo se ha convertido en uno de los rasgos más destacados de la sociedad contemporánea. Y dado que a nivel emocional sólo podemos compartir con los demás aquello que primero hemos cultivado en nuestro interior, entre todos hemos creado y consolidado «la cultura de la culpa». Así, la mayoría de seres humanos intentamos diariamente eludir cualquier tipo de responsabilidad, poniendo de manifiesto nuestra falta de madurez. Y como no, se trata de una limitación que terminamos inculcando sobre las nuevas generaciones.
Entre otros ejemplos cotidianos, es común ver a un niño pequeño chocar contra una mesa y caerse al suelo. Y puesto que el golpe le ha producido dolor, en ocasiones se pone a llorar. Su llanto suele llamar la atención del adulto que lo está cuidando en ese momento, que enseguida corre para atenderlo. Si bien la mesa es un objeto inerte, carente de voluntad y libre albedrío, el cuidador, con todas sus buenas intenciones, comienza a gritar «¡mesa mala!, ¡mesa mala!» Estas acusaciones suelen tranquilizar al niño, que a su vez comienza a imitar a su tutor, culpando a la mesa del golpe y de su dolor.
ADICTOS A LA QUEJA
“Nos quejamos cuando el agua de la ducha sale fría, pero ¿acaso valoramos cada vez que sale caliente?”
(Christophe André)
Visto con perspectiva, lo cierto es que es muy fácil protestar por el funcionamiento del sistema capitalista. Basta con abrir la boca y decir lo que pensamos. Es muy fácil quejarse por la manera en la que se gestionan las empresas. Basta con abrir los ojos y reparar en lo que vemos. Es muy fácil criticar y juzgar la actitud de nuestros políticos. Basta con abrir los oídos y escuchar la forma en que estos hablan. Es muy fácil lamentarse por el comportamiento de la sociedad. Basta con estirar el brazo y señalar sus errores y defectos.
Es tan fácil protestar, quejarse, criticar, juzgar y lamentarse que todos sabemos cómo hacerlo. Basta con adoptar el rol de víctima y creer que el mundo es un lugar injusto, en el que la culpa de nuestros problemas, conflictos y sufrimientos siempre la tienen los demás. Sin embargo, en última instancia somos co-creadores y co-responsables de que la economía sobre la que se asienta nuestra existencia sea tal y como es. De hecho, con nuestra manera de ganar, de gastar, de invertir y de ahorrar dinero apoyamos y validamos el sistema cada día.
Con respecto a las empresas, si no fuera por ellas no habría empleo. Y sin éste, careceríamos de ingresos con los que cubrir nuestras necesidades básicas. Más allá de cuáles sean nuestras circunstancias sociales y económicas, fichamos cada lunes en la oficina por elección propia. Además, mediante el consumo diario de productos y servicios permitimos la subsistencia de millones de compañías. Es cierto que vivimos condicionados por la publicidad y el marketing, pero nadie nos apunta con una pistola para saciar nuestros caprichos y deseos.
CADENAS INVISIBLES
“La esclavitud más denigrante es la de ser esclavo de uno mismo.”
(Séneca)
Un veterano mercader de camellos atravesaba el desierto del Sahara junto con su hijo adolescente, que era la primera vez que lo acompañaba. Al caer la noche, decidieron acampar en un oasis. Tras levantar la tienda, padre e hijo empezaron a clavar estacas en el suelo para atar con cuerdas a los camellos. De pronto, el joven se dio cuenta de que tan sólo habían llevado 19 estacas y 19 cuerdas, y en total había 20 camellos.
“¿Cómo atamos a este camello?”, preguntó inquieto el hijo adolescente. Y el mercader, que llevaba muchos años recorriendo el desierto, le contestó, sonriente: “No te preocupes, hijo. Estos animales son muy tontos. Haz ver que le pasas una cuerda por el cuello y luego simula que lo atas a una estaca. Así permanecerá quieto toda la noche.” Eso es precisamente lo que hizo el chaval. El camello, por su parte, se quedó sentado e inmóvil, convencido de que estaba atado y de que no podía moverse.
A la mañana siguiente, al levantar el campamento y prepararse para continuar el viaje, el hijo empezó a quejarse a su padre de que todos los camellos le seguían, excepto el que no habían atado. Impasible, el animal se negaba a moverse. “¡No sé qué le pasa a este camello!”, gritó indignado. “Parece como si estuviese inmovilizado”. Y el mercader, sin perder la sonrisa, le replicó: “¡No te enfades, hijo! El pobre animal cree que sigue atado a la estaca. Anda, ve y haz ver que lo desatas.”
LA ASUNCIÓN DE LA RESPONSABILIDAD
“Hemos levantado la estatua de la libertad sin haber construido primero la de la responsabilidad.”
(Viktor Frankl)
Aunque la culpa nos alivia, también nos ata con cuerdas que no existen a estacas invisibles. Lo curioso es que la culpa sólo existe en aquellas sociedades que promueven el victimismo y niegan la responsabilidad. Si el niño pequeño, inspirado por el adulto que lo acompaña, asume que ha chocado contra una mesa –por seguir con el ejemplo anterior–, estará en el camino de aprender que ha sido él, y no la mesa, quien ha provocado su dolor. Y puesto que con los años el niño se convierte en adulto, a menos que abandone el victimismo seguirá culpando a los demás, a las circunstancias e incluso a la vida cada vez que choque contra cualquier persona, cosa o situación que le produzca dolor.
Y es que solemos quejarnos de nuestra pareja y de nuestros hijos, pero ¿acaso nos responsabilizamos de que somos nosotros quiénes los hemos elegido? Solemos maldecir a nuestro jefe y a nuestra empresa, pero ¿acaso nos responsabilizamos de que somos nosotros quiénes hemos escogido nuestra profesión y nuestro lugar de trabajo? Y en definitiva, solemos lamentarnos de que nuestras circunstancias actuales son como son, pero ¿acaso nos responsabilizarnos de que éstas son el resultado, en gran medida, de las decisiones que hemos ido tomando a lo largo de nuestra vida?
Curiosamente, al observar más detenidamente el actual escenario socioeconómico, todos estamos de acuerdo en un mismo punto. La mayoría de ciudadanos nos lamentamos por la falta de líderes, por la ausencia de referentes y, sobretodo, por la decadencia de valores que padece ahora mismo la sociedad. Esta percepción generalizada pone de manifiesto que estamos en contra de muchas cosas, pero ¿a favor de qué nos posicionamos? Y tal vez más importante: ¿quién asume la responsabilidad de convertirse en el cambio que quiere ver en el mundo?

Artículo publicado por Borja Vilaseca en El País Semanal el pasado 28 de noviembre de 2010.
Fuente: https://borjavilaseca.com/la-cultura-de-la-culpa/

vendredi 15 juin 2018

Envolver la Culpa y la Vergüenza

¿Cómo manejar la culpa y la vergüenza?
¿Cómo superar la culpa?

Una de las cosas que quiero compartir con tigo es que, como ser humano, tu y yo, tenemos cuerpos, tenemos cuerpos físicos. Es la única forma en que podemos entrar en situaciones y eventos que aparecen a nuestra vida. Sin nuestro cuerpo, realmente no podemos hacer nada.
Es nuestro cuerpo el vehículo físico que experimenta las emociones. Desde la perspectiva Védica el cuerpo es un vehículo para tu alma y está justo aquí sobre este planeta para experimentar el viaje de la vida. Ahora esa vida solamente puede tener sentido siempre que exista alguna clase de valor derivado de todas las experiencias, alguna clase de satisfacción.
La forma en que esa satisfacción es derivada es a través de las emociones. Es el cuerpo humano, es tu cuerpo humano el que experimenta emociones. Lo que hace: causa alguna clase de reacción fisiológica que es interpretada por ese observador único que tu eres, ese ser que eleva la mirada desde tus ojos. Esta es la perspectiva Védica y también es una de las perspectivas del Coaching Ontológico.

Tratar con la Culpa y la Vergüenza

El cuerpo va a experimentar emociones en cualquier momento, todo el tiempo. La idea es notar qué emoción se manifiesta y cuándo lo hace. Y no solamente eso, qué emoción está experimentando tu cuerpo ahora mismo.
Entonces tratar con la culpa y la vergüenza, cuando las comprendemos como emociones que nos visitan, como emociones que visitan al cuerpo, podemos tomar a ese observador único que somos e iluminar esa luz de inteligencia sobre esa emoción que el cuerpo experimenta.

Componentes de las emociones

Las emociones tienen cuatro componentes:
- Historia
- Disposición física, hacen que el cuerpo reaccione y tenga una respuesta fisiológica.
- Patrón respiratorio, también es una respuesta fisiológica ligada con la disposición del cuerpo y cómor espode e interpreta la emoción.
- Lleva a una acción, al movimiento. Tus emociones son la fuente de tu acción en esta vida. La forma en la que tomas acción en tu vida depende de la emoción que está guiándola. Una de las cosas más interesantes que quiero mencionar es que si tu tomas la palabra emoción y la separas, tienes e y moción. Así que, las emociones nos ponen en movimiento

La Culpa y la Vergüenza nos llevan a tomar acción

La culpa nos predispone a cierto movimiento.
La vergüenza por otra parte, también va a llevarnos a tomar acción, a movernos en una dirección para resolver esa emoción.
La mejor forma de tratar con la culpa y la vergüenza, la mejor forma de trabajar con las emociones, es usar una herramienta de lenguaje para profundizar y comprender la etimología del lenguaje, de la emoción y conocer sus raíces.
Entonces observar esto y notar la descripción y su resonancia en tí. Qué tan congruente es tu significado, es tu interpretación de esto. Si es congruente excelente porque tienes algo con qué trabajar! Si no es congruente, fabuloso porque ahora tienes algo con qué trabajar!

Obteniendo Claridad

Cómo logras congruencia entre "la definición" y la forma en la que interpretas y experimentas esa emoción. Y la mejor forma para trabajar con emociones es simplemente entrar en conversaciones para lograr claridad entorno a esa emoción.
¿Cuál es la historia de esa emoción? Obtienes claridad entorno a ella.
¿Qué clase de estándares transgrediste? Obtienes clariad sobre esto - y estaba relacionado con culpa y vergüenza.
¿Qué clase de acciones son requeridas? Obtienes claridad sobre esto.
Ahora cuando digo conversaciones, no quiero decir ir con otras personas y tener conversaciones, porque ¿sabes qué? En cada momento de tu vida despierta estamos en conversaciones. Si no estamos en conversaciones con otras personas, estamos siempre conversando en nuestra cabeza.
Las conversaciones que tenemos en nuestras cabezas son constantes. Es un ciclo constate que mantiene una vociferación continua. Es el observador tratando de interpretar y darle sentido al mundo.

No está bien, no está mal, pero la invitación que voy a dejarte es que observes cómo son esas conversaciones, cómo te sirven, si te están ayudando a avanzar y qué te están restando.


Fuente: https://thedharmacoach.com/wrapping-guilt-shame/index.html

vendredi 13 octobre 2017

Usar nuestras emociones sanamente: Culpa y Vergüenza -Karen White

El contexto social, cultura e histórico de nuestra existencia

Como emociones importantes, la culpa y la vergüenza no existen en nuestras vidas fuera de un contexto cultural. Como individuos, existimos en contextos sociales y culturales, cada uno de los cuales tiene sus tradiciones históricas únicas. Crecemos dentro de familias y comunidades que hacen parte de una sociedad más amplia, lo que nos brinda un sentido profundo de pertenencia y conexión con otros. Como seres sociales esta es una parte inevitable de nuestra existencia y juega un rol importante en vivir una vida significativa y alegre.
Aunque somos seres autónomos nuestra existencia interdependiente incluye ser parte de la red institucional de nuestras sociedades, con derechos, leyes, reglas y procedimientos explícitos que permiten a una sociedad funcionar. Igual de importantes son con frecuencia costumbres, convenciones y prácticas tácitas que contienen buenas costumbres, valores y creencias, que han surgido de nuestra tradición histórica.
Una manera de pensar sobre las leyes, costumbres, etc. son estándares. Los estándares explícitos e implícitos son importantes pues proveen una forma de gobernanza. Los estándares compartidos pueden estar vinculados con una brújula legal y moral, lo que significa que podemos seguir adelante haciendo y logrando cosas juntos con un mínimo de fricción y desarmonía. Los estándares son de particular importancia cuando miramos las emociones de vergüenza y culpa.
Estamos profundamente moldeados por cómo somos experimentados por otros. Como seres relacionales, ser aceptados por otros importa profundamente. Lo que es interesante es que nuestras experiencias emocionales ocurren dentro de nuestras dinámicas relacionales contra un telón de fondo social, cultural e histórico.

Emociones y lenguaje

Una de las cosas fascinantes sobre las emociones es que abren y cierran posibilidades para nosotros. Cada emoción trae con ella una forma particular de comprender al mundo. ¿Qué son las emociones? Además de ser sentimientos del ser que a menudo se sienten en el cuerpo, son juicios, u opiniones, que hacemos sobre el mundo que usualmente cargan una historia particular que es válida para nosotros en el momento. Esto signidica que el lenguaje y las emociones ocurren simultáneamente.
En Coaching ontológico trabajamos con la interpretación de que las emociones tienen una estructura lingüística de cuatro partes:

  • Algo específico sucedió que puede ser establecido como un hecho real;
  • Tenemos nuestra versión o historia sobre lo que sucedió que p uede o no incluir otros hechos;
  • Dentro de la historia hay uno o más juicios, que podemos fácilmente confundir con ser realidad o verdad, entonces hacer las cosas "reales" para nosotros; y 
  • Hacemos una declaración en silencio sobre cómo responderemos y qué haremos.

Algunas veces el proceso de creación de realidad que es parte de las emociones puede tener un efecto de las emociones que tienen el poder de una ideología, absolutamente convencidos estamos de lo "correcto" de lo que hemos percibido.

Culpa y Vergüenza

Trabajando con la idea de que las emociones pueden ser consideradas como teniendo una estructura lingüística nos da una manera de comprender la naturaleza de la culpa y la vergüenza y cómo podemos examinar nuestras propias experiencias de cada emoción.
Un punto de inicio importante es volver a referirnos a la noción de estándares, que encapsula mucho de lo que fue dicho sobre el contexto social, cultural e histórico de nuestra existencia. Nuestras familias, comunidades y sociedades tienen estándares explícitos e implícitos para cómo deberíamos conducirnos a nosotros mismos, que podemos internalizar sin darnos cuenta.
Los estándares son una parte crucial de la naturaleza lingüística de nuestra existencia, pues aunque no siempre hablados existen dentro de nuestras conversaciones internas. La comprensión compartida que tenemos sobre ellos puede ser articulada en lenguaje y crear una realidad "inter-subjetiva".
¿Qué sucede con nosotros cuando experimentamos culpa? Una interpretación de la culpa es que creemos que hicimos - o no hicimos - algo que deberíamos o no deberíamos haber hecho. Ahora miremos esto a través de la idea de la culpa teniendo una estructura lingüística.
En realidad, hicimos o no hicimos algo, como olvidar recoger a nuestro hijo.
Tenemos una historia sobre las circunstancias de lo que hicimos o no hicimos - "Estaba tan ocupado, tuve tres llamadas de última hora requiriendo decisiones inmediatas y mi cabeza estaba llena de tantas cosas que lo olvidé completamente."
Uno o más juicios sobre nuestro comportamiento en la situación - "Es terrible - qué clase de padre soy que olvidé recoger a mi hijo. Qué efecto va a tener esto en él?" Tendemos a interpretar nuestra acción o falta de acción como no haber cumplido con nuestros propios estándares.
No podemos perdonarnos a nosotros mismos y silenciosamente declaramos que nos castigaremos. En algunas situaciones puede incluir sentirse mal con uno mismo como persona que no tiene valor y no debería ser perdonada. Podemos ser muy duros en nuestra auto-crítica constante. Las experiencias de aprendizaje en nuestra niñez sobre no cumplir ciertos estándares pueden tener un efecto emocional duradero y debilitante.

Con la vergüenza, la interpretación se desarrolla de manera un poco diferente. La diferencia esencial entre vergüenza y culpa ocurre en las partes 3 y 4 de la estructura lingüística. En la parte 3 juzgamos que nuestro comportamiento no ha cumplido los estándares de la comunidad.
El flujo resultante es que evaluamos que nuestra identidad pública ha sido dañada en cierta forma y que somos deficientes a los ojos de otros. Algunas veces las personas hablan sobre nosotros en reuniones y conversaciones, haciéndonos sentir avergonzados en un espacio público. Esto también puede ser una experiencia privada, estamos avergonzados de lo que creemos que otros piensan sobre nosotros.
En la parte 4 silenciosamente hacemos una o dos declaraciones - ya sea declaramos que enfrentaremos el juicio de la comunidad o que nos esconderemos de alguna forma - por ejemplo, sin mirar a los ojos a las personas - y evitaremos enfrentar el juicio de la comunidad. En algunos casos, como olvidar recoger al hijo de la escuela, podemos experimentar culpa y vergüenza.
Mientras que la vergüenza y la culpa tienen valor al ayudarnos a vivir bajo estándares que contribuyen a una "buena" sociedad y nos permite hacer nuestra mejor contribución, pueden tener sus desventajas. Tanto la culpa como la vergüenza puede dejarnos sintiéndonos como que no somos lo suficiente y no merecemos nuestro estatus de ser humano. Pero si miramos a la culpa y la vergüenza como emociones fijas e impermeables no hay salida y podemos quedar atrapados con sentido profundo de inadecuación y deficiencia como ser humano.
Un camino a través de esto es plantearnos preguntas, estar abiertos y curiosos con nosotros mismos, y estar dispuestos a poner a prueba algunos juicios, evaluaciones o suposiciones que podamos sentir que son los santos griales de nuestra vida. Cuestionar si nuestros propios estándares y los estándares de otros son los estándares con los que queremos vivir puede ser crucial. ¿Cuáles estándares apoyan mejor nuestro bienestar y nuestras relaciones y ofrecen mayor elección y libertad? ¿Cuáles son los estándares con los que quiere vivir que usted "posee"?
En lugar de ser una víctima de la culpa y la vergüenza podemos indagar y examinar el lenguaje que acompaña cada emoción y en el proceso comenzar a diseñar una mejor vida emocional para nosotros. Al hacerlo podemos activamente elgir vivir vidas plenas que nos permitan jugar tan grande o tan pequeño como queramos.

Karen White puede ser contactada en: karen@thehumanconnection.co.za
© Newfield Institute

Fuente: http://www.ontologicalcoaching.com.au/html/articles_IR_016.html

vendredi 19 mai 2017

Culpar a otros - Lisa Philips

Puede que no desees escuchar esto pero, eres responsable de lo que está sucediendo en tu vida... y tu vida es tu responsabilidad.
¡Desafortunadamente, nadie va a venir a salvarte!
En todas las situaciones de la vida, tienes la libertad de escoger cómo reaccionarás y qué acciones tomarás.
También tienes el poder de elegir tus pensamientos.
Puede haber algunas fuerzas que claramente están fuera de tu control, pero tienes la posibilidad, incluso en esta situación de elegir cómo reaccionar.
Con frecuencia entramos en el hábito de culpar a otras personas por nuestras circunstancias o nuestra infelicidad.
Terminamos quejándonos con nuestros amigos o cualquier persona que escuche. Por ejemplo:
"mi pareja no me permite hacer cosas" "mi jefe no me escuchará" "es culpa de mis padres que yo sea como soy"
¿Culpas a tu jefe por tu falta de ingresos? Si lo haces, ¿culparlo cambiará las cosas? ¿Ayudará en la situación?
¿Culpas a tu pareja por tu relación infeliz o te sientas autocompadesiéndote culpando a tus padres porque ellos lo hicieron así?
Si lo haces, entonces solo estás preparándote por más miseria y manteniéndote estancado en el juego de la culpa.
La verdad del tema es que culpando a otros, estás dándole a alguien más el poder de impactar en tu vida de una forma masiva. Cuando estás señalando con el dedo de la culpa a alguien más, ¿a quién o a qué le has dado tu poder? Con frecuencia terminamos culpando a otros, pues es más fácil que tomar acción y hacernos responsables de nosotros mismos.
Si algo no está funcionando en tu vida, en lugar de culpar a otros, mira qué acción puedes tomar para resolver la situación y tomar responsabilidad. Con frecuencia, creo que tenemos tres opciones en las situaciones que pueden no estar funcionando para nosotros: Aceptarla, cambiarla o alejarnos de ella.
Por ejemplo, si no disfrutas tu trabajo o sientes que no estás ganando lo suficiente, toma responsabilidad y haz algo al respecto. Habla con tu jefe o actualiza tu resumé y sal a buscar trabajo. Si no eres feliz en tu relación, habla con tu pareja y si aún sigues infeliz - déjalo ir y sigue adelante.
Prueba este pequeño ejercicio

  • ¿Dónde en tu vida estás culpando a otros?
  • ¿A quién le has dado tu poder en esta situación?
  • ¿Cuáles son las consecuencias de culpar a otros en esta situación?
  • ¿Qué específicamente necesitas hacer para tomar responsabilidad en esta situación ahora?
Así que si te encuentras señalando y culpando a alguien más, pregúntate qué puedes hacer para resolver esa situación y actúa.
Recuerda, cuando señalas con tu dedo a alguien, estás también señalando con tres dedos hacia tí mismo.



Lisa Phillips es una ganadora de Life and Confidence Coach en Sydney Australia. Ella es también la autora del libro ' The Confidence Coach' ( www.theconfidencecoachbook.com) Lisa aparece regularmente en TV y radio y su trabajo está publicado en un amplio rango de revistas internacionales.
www.amazingcoaching.com.au

vendredi 7 avril 2017

Identificar la culpa - Brian Johnson

"La culpa puede ser definida como sentimientos y actitudes auto-críticas que son experimentadas en relación con nuestras acciones, como también en relación con nuestros pensamientos y sentimientos que vemos como inaceptables... Sin embargo, aún en situaciones en las que usted sabe que está equivocado, no sirve a un propósito atacarse a sí mismo por los efectos negativos de su comportamiento. Es mucho más constructivo identificar las voces interiores críticas que intensifican sus sentimientos de culpa, sentir compasión por sí mismo y por la otra persona, y planear formas de cambiar su comportamiento en interacciones futuras."-  Robert W. Firestone, Lisa Firestone, Joyce Catelett de Conquer Your Critical Inner Voice 
Culpa
Es fácil sentirse abrumado por un sentimiento de culpa - y verguenza - en nuestras vidas, pero queremos comprobar cómo a nuestra voz interior crítica le gusta atacarnos de formas poco saludables.
Como los autores nos aconsejan, en lugar de atacarnos, tiene mucho más sentido tener compasión por nosotros mismos y por los demás involucrados mientras identificamos el o los comportamientos que tenemos la intención de cambiar en el futuro.
Los Budistas Tibetanos tienen esto muy bien indagado. En "El Tallador de Diamantes", Geshe Michael Roache nos dice que "No hay una palabra en Tibetano para "culpa". Lo más cercano es "arrepentimiento inteligente que decide hacer las cosas de manera distinta".
Es sorprendente. Cambiar la culpa por "arrepentimiento inteligente que decide hacer las cosas de manera distinta". Una receta de vida constructiva.
Wayne Dyer es aún más intenso al respecto. En "Tus Zonas Erróneas" nos dice:
"La culpa es el más inútil de los comportamientos erróneos. De lejos es el mayor gasto de energía emocional. ¿Por qué? Porque por definición, se está sintiendo inmovilizado en el presente por algo que ya ha tenido lugar, y ninguna cantidad de culpa puede cambiar la historia."
Así que si ha cometido errores en su vida por los que se está culpando, vea si puede calmar esa voz interior crítica y quitarle espacio a la culpa en la medida que asume responsabilidad, trae un sentido de compasión y se compromete a modificar su comportamiento de aquí en adelante.

(1) Calmar la voz interior crítica
(2) Asumir responsabilidad
(3) Actuar