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vendredi 13 septembre 2019

Ikigai, El Gran Inpensado - Andrew Taggart

Ikigai, un concepto Japonés que ser refiene a la razón de ser o la razón para levantarse en la mañana. Una concepción de ikigai ha dado vueltas en internet:




Mi objetivo en esta publicación no es Ikigai, el concepto más amplio, sino Ikigai, como está representado en este bonito gráfico, con el que empresarios, fundadores y ejecutivos están indebidamente y erróneamente entusiasmados.

Crítica #1: Irracionalidad

La tesis es que la dimensión afectiva ("amor"), la dimensión talento ("bueno para"), la dimensión mercado ("ser remunerado para") y la dimensión altruista ("necesidad del mundo") pueden ser armonizadas. Su armonía es una expresión de Ikigai.
Pero esto no es razonable. Es posible que le encante algo que, con razón, no desea que le paguen. Puede deleitarse con sus talentos, pero puede que no tengan nada que ver con lo que el mundo humano necesita. Es posible que haya logrado el dominio de algo que le parece bastante interesante, pero ¿le encanta?
Puede ir más allá e imaginar cuatro arquetipos: el artista (amor), el atleta (excelencia), el comerciante (pago) y el santo moral (necesidades del mundo). ¿Realmente cree que es posible para usted combinar, y mucho menos a la perfección, ser un artista, un atleta, un comerciante y un santo moral? ¿O es mucho más probable que las virtudes de cada uno puedan ser incompatibles, de hecho, tal vez en conflicto con las de los demás?

Crítica #2: La Vida No Examinada

Permítame plantear alguans preguntas filosóficas a la filosofía de vida no-examinada representada en este gráfico:
  • ¿Por qué no nos preguntamos cómo el amor, un afecto religioso y literario, fue cooptado por el trabajo?
  • ¿Por qué "mundo" significa exclusivamente "mundo humano", el mundo creado por el humanismo y en el que nacimos?
  • ¿Por qué ser remunerado, y por lo tanto la ubicuidad del trabajo asalariado, alguna vez se considerará lo suficientemente valioso como para ser incluido entre los bienes mayores?
  • ¿Por qué la misión, una excursión militar que implica la posibilidad de muerte, sería lo que queremos seguir en lugar de, no sé, peregrinaciones o caminos con viento?
  • ¿Quién, aparte de los protestantes evangelizadores, realmente insiste en las vocaciones o llamados a todos los seres vivos, y quién cree que están universalmente disponibles para todos nosotros?
  • ¿Y ser un profesional - agitado- es una de sus grandes aspiraciones en la vida?
Por último, por el momento, estar entusiasmado con algo, ir a algún lado con eso, ser llamado a hacer eso y ser profesional sobre cómo se lleva a cabo, no podría en realidad, hacer que una vida sea bastante inmadura, empobrecida, incluso, o especialmente, si se sigue de manera precisa?
El ejemplo de Ikigai me parece que carece de la profundidad que puede surgir cuando uno reconoce que el mundo humano no funciona de acuerdo con una "armonía preestablecida".


Fuente: https://andrewjtaggart.com/2019/08/21/ikigai-the-great-unthought/

vendredi 14 septembre 2018

El caso en contra de las carreras - Andrew Taggart

Cuando los niños americanos son jóvenes, son interrogados repetidamente por sus padres, profesores y otros adultos sobre qué quieren ser cuando crezcan. A mi mejor saber y entender, raramente un adulto inquisitivo espera escuchar: "Un ser humano gentil abierto a lo que la vida me traiga."
La cuestión de qué "ser" o mejor, qué ocupación escoger, pronto se convierte en una de las ideas fijas de los niños, algo que con el tiempo, toma el centro del escenario en sus esperanzas y sueños más pragmáticos para el futuro. El jardín de niños hasta el grado 12 han llegado a funcionar como una forma de producir trabajadores de conocimiento, impulsando cursos en STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería, Matemáticas) mientras se aseguran que las clases de Taller de Madera y ética continuarán pasadas de moda o se mantendrán "lo que hacen pocos niños extraños". Posteriormente, las universidades forzosamente impulsarán esta agenda empleando consejeros profesionales, creando centros de recursos profesionales, haciendo seguimiento de la colocación de carreras profesionales e incentivando con estas estadísticas a los futuros estudiantes. Todo lo que mantendrá girando el molino.
A través de sus años de formación, entonces, los jóvenes están siendo martillados con la idea de que necesitan tener una carrera - no solo cualquier carrera sino más especialmente una carrera que "valga la pena" y que sea "satisfactoria". Esta narrativa se ha enrizado profundamente en el sentido común que se ha vuelto dificil incluso verla mucho menos cuestionarla.
Pero la cuestionaré. Soy lo que Kate McFarland y D. JoAnne Swanson llaman un "anti-carrerista" y le invito a que se vuelva uno también.

¿Qué es una carrera?

El expresidente de Facebook, Sean Parker, una vez remarcó, "pienso que una carrera es algo que su padre trae a casa en un portafolio cada noche, luciendo cansado." Pienso que es peor que eso. Creo que las carreras son una idea mala y destructiva - no solo para la persona que se embarca en una, sino para todos.
Pero para ver esto, primero necesitaremos comprender qué es una carrera.
Una carrera no se reduce a un trabajo o a una cadena de trabajos. Un trabajo, una invención conceptual del siglo XIX, es una manera de empacar, mediante un contrado empleador-empleado, alguna contribución razonable que el empleado puede querer hacer al mundo jungo con medio de vida (un pago estable) y un conjunto de beneficios (nada menos que la cobertura en salud, que se ligó con un empleo remunerado solamente después de la segunda guerra mundial). Pero si tenemos trabajos cuando somos chicos, con toda razón no pensábamos que esos fueran, en la mayoría de los casos, el comienzo de nuestras carreras. Esto es porque una carrera es cierta clase de relación continua que tenemos con un trabajo remunerado ( o con una mezcla de trabajo no remunerado y remunerado). ¿Pero qué clase de relación es esta?
Una carrera es una historia de progreso en primera persona centrada en el trabajo sobre el transcurso de la vida de un individuo, una historia que confiere un sentido de propósito y unidad sobre unas experiencias de trabajo específicas (prácticas, trabajos, actuaciones, proyectos, premios, promociones, etc.) como también una identidad formal (periodista, bombero, contador, coach ejecutivo, consejero de arte independiente, etc.) sobre un individuo. El objetivo de la carrera y entonces la vida del carrerista es el éxito en el trabajo.
Esta definición aplica tanto al Hombre de Organización de mitad de siglo, un trabajador que intercambia lealtad a una organización particular por un empleo potencial de vida allí, como también a la figura más reciente llamada un "dueño de portafolio". Un "dueño de portafolio" es alguien que, siento un producto del siglo XXI, "se inspira en otras disciplinas para crear una carrera personal adaptable y diversificada". Esto es una carrera personalizada y no estandarizada. El "dueño de portafolio" puede pertenecer a ninguna industria u ocupación establecida, pero de alguna forma toma lo que está haciendo para ser una pieza del portafolio de carrera que está diseñando.
Ya sea es Carrera 1.0 (que promete avance de carrera mediante promociones y el recibo de más títulos senior, con frecuencia en la misma organización estable y multi-generacional) o Carrera 2.0 (que requiere un portafolio personalizado que pueda demostrar el avance propio a través de un mundo de trabajo precario que es dominado cada vez más por proyectos independientes y a corto plazo) no importa. Los dos presumen la centralidad de una historia que me cuento a mí mismo no solo sobre el trabajo que hago, sino sobre todo, sobre quién soy.

Cómo "la muerte de Dios" llevó al nacimiento de la carrera

En 1882,  Nietzsche contó la historia terrible de un hombre loco que una mañana brillante corrió en el mercado, proclamando que aunque había buscado a Dios durante mucho tiempo, no podía encontrarlo. Y la razón por la que no podía encontrarlo es que, "Lo hemos matado, usted y yo! Todos somos sus asesinos". Mientras tanto, la multitud se ríe de la "diversión" y puede solamente mirarlo "con sorpresa". El concluye que el "evento prodigioso aún está en cambino": La Muerte de Dios ya ha ocurrido - sin fanfarria - pero no el reconocimiento amplio cultural de su magnitud, de su gran importancia para ellos y para las futuras generaciones.
Para ser claros, la parábola no tiene que ver con una pérdida individual de la creencia en Dios (algunos individuos creen y seguirán creyendo), sino más con la pérdida de una imagen metafísica compartida del universo. Esta es la pérdida, no menor, de lo que otro filósofo, Jean-Francois Lyotard, una vez llamó una “metanarrativa,” una manera compartida de dar sentido del cosmos y de brindar sentido a millones de seres humanos. Y así, todo lo que ha guiado a la cultura Europea durante miles de años ha sido barrido abruptamente, dejando solamente el aquí y el ahora, el polvo y el hueso de la tierra, a su paso.
Sin la creencia de que mi vida es parte de un drama cósmico que se desarrolla alrededor y a través mío, estoy inmerso en un nuevo mundo donde creo que solamente tengo una vida para vivir; donde estoy existencialmente solo en todo esto; y donde no puedo hacer más que trabajar en el mundo antes de desaparecer de él. No es sorprendente entonces que conceptos seculares surjan en este tiempo para brindar una nueva, aunque inadecuada forma a las vidas humanas. Las cuatro que tengo en mente son: placer, amor romántico, deportes y carreras. Estas preocupaciones seculares se han convertido esencialmente en las únicas que la mayoría de personas han aceptado hoy. Buscamos el placer sexual a través de vínculos sueltos de amistad (pasando el rato mientras bebemos cerveza) y a través de la forma consensual de moralidad sexual (testimonio de la cultura de conexión de Tinder); buscamos el amor romántico monógamo con la esperanza de que satisfará nuestras necesidades emocionales más profundas; nos dedicamos al ejercicio físico o hacemos deporte, un pasatiempo solamente popularizado en los últimos 100 años, como un fin en sí mismo y como un medio para mejorar la salud por el bien de una mayor productividad; y seguimos carreras, las cuales solo fueron inventadas en el siglo XIX y solamente llegaron a ser prominentes después de la segunda guerra mundial, como los objetivos finales de nuestras vidas.
Sin saberlo, aceptamos las carreras por nuestro riesgo, pues la carrera es un pálido sustituto para la pérdida de una visión y una fe compartida culturalmente. Esta es la pérdida metafísica e histórica mundial, una pérdida que aún no hemos reconocido, ni mucho menos duelado.

Por qué la carrera es algo bastante malo

Para empezar, se basa en justificaciones de acciones (o inacciones) lo que está enfocado estrechamente en el interés personal. No es que realizar una cirugía sea necesariamente algo malo. Pero si el doctor realiza la cirugía expresamente porque está tratando de avanzar en su carrera, entonces pude estar realizando una cirugía innecesaria y el paciente puede ser puesto en riesgo innecesariamente. Y esto no es un caso aislado, siempre que estar comprometido con el carrerismo fácilmente lo compromete también con dar justificaciones a sus acciones (o inacciones) que no están primariamente centradas en lo que sea correcto hacer para las personas relevantes a mano sino en las mejores formas de ir adelante.
En el peor de los casos, estos patrones justificatorios nos enseñan a ser solipsistas insensibles. Por lo menos, su presencia nos hace estar enredados en conflictos creados por el mismo carrerismo: ¿Hago lo correcto solo porque es lo correcto y entonces corro el riesgo de sacrificar mis propias ambiciones? ¿O promuevo mis ambiciones a expensas posibles o reales de otros? Esta clase de conflicto puede no estar presente en cada caso, pero está construido en la estructura del carrerismo.
En la cima de justificaciones egoístas es incluso una ilusión mayor. La clase de trabajo-centrismo suscrito por la carrera nos enseña a cada uno de nosotros a identificarnos con el trabajo que hacemos y como resultado estar completamente apegados a esa identidad. Consecuentemente, muchas personas se sienten ansiosas cuando esa identidad es amenazada, orgullosos cuando es afirmada y totalmente perdidas cuando desaparece.
En nuestra sociedad de trabajo, por ejemplo, los ancianos a menudo no tienen lugar o rol a jugar después de que no pueden trabajar más. Una mujer que necesitaba retirarse de su cátedra debido a un lupus me escribió recientemente para decirme que el "foco amplificado en el trabajo (en nuestra cultura) no solamente disminuye la vida en las formas que usted describe, sino que también marginaliza al mayor y al enfermo, y roba a los jóvenes de una infancia imaginativa". Ella concluye: "No hay modelos culturales en nuestro mundo para el ocio con dignidad". Y esto es así porque no hay modelos culturales vigentes que nos inviten a desidentificarnos de lo que sea que hacemos y así podamos continuar el trabajo que hacemos por el tiempo que lo hacemos y con el cuidado adecuado, pero sin quedar colgados con serlo. Al perpetuar esta fuerte identificación, la carrera termina causando sufrimiento a todo tipo de personas.
Guiar desde la crianza del egoísmo y el empujón hacia la fuerte identificación es la objeción más contundente a la carrera. Es que la carrera impide sentir la ansiedad vital existencial que de otra forma sentiríamos al obligarnos a confundir cualquier mínima satisfacción que encontremos a través de las historias del trabajo con un sentido de plenitud suprema. Pero esta última es una promesa que simplemente la carrera no puede cumplir. Ningún trabajo que hagamos, sin importar cuán satisfactorio pueda ser, puede ofrecernos un sentido de máxima realización. Solamente las experiencias trascendentes, aquellas que nos llevan más allá de nuestro sentido ordinario de ser y entonces nos revelan nuestro hogar en el cosmos, pueden brindarnos la satisfacción duradera que buscamos. Ninguna acción humana por sí misma puede traer gracia y nada menos lo hará.
Si, por lo tanto, garantizamos que ningún trabajo que hagamos puede proveernos con una realización suprema, entonces estamos inconscientemente lanzándonos a la pregunta existencial: ¿quién o qué soy realmente si no soy lo que hago para vivir? ¿Quién soy si no soy la historia centrada en el trabajo que he estado contándome todos estos años? ¿Por qué estoy aquí si no estoy fundamentalmente aquí para eso?

Una idea mala pero persistente

Durante mucho tiempo, la carrera ha sido una idea mala pero persistente. Se ha aferrado a la vida social, algunas veces cambiando de forma, casi siempre preocupada en vano por su apariencia vana. Pero su tiempo ha llegado.
Debemos dejar de preguntar a nuestros niños lo que quieren ser cuando sean grandes. Es una pregunta perniciosa. Y debemos querer vivir en un mundo donde la pregunta concreta, "Qué hace?", sea vista tan terriblemente vulgar que no vale la pena una consideración seria. Debemos matar esa pregunta también.
En cambio, debemos preguntar a nuestros niños, cómo en un sentido fundamental, desean vivir; qué y por quién quieren cuidar; lo que finalmente buscarán; por qué o por quién están dispuestos a morir; en qué formas pueden estar abiertos a lo que la vida les brinda; y cómo pueden, mientras mueren, estar tan llendos con la vida que cierren sus ojos libres de arrepentimientos y resentimientos y en paz con todo lo que es.

Matar la carrera - llámela la Muerte de la Carrera - es comenzar a despertar a la vida.

Fuente: https://work.qz.com/1342191/a-modern-workforce-needs-a-new-take-on-careers/

vendredi 17 août 2018

Porqué nunca tiene tiempo suficiente, una historia - Andrew Taggart

Simplemente no hay suficiente tiempo. Está ocupado, apresurado, acosado por Lo que viene y ¿algo más? Mientras lucha por continuar, vacila entre suscribirse a más hackeo de vida y alzar las manos cuando se enfrenta con lo que irónicamente llama "la futilidad de la vida." La risa nerviosa que utiliza cuando escucha esta grandiosa expresión saliendo de su boca hace poco por aliviar la carga que lleva tan dolorosamente.
Algunas veces sueña con bajar de esta rutina de tareas, pero teme que, si lo hace, será pasado por alto y olvidado sumariamente.

Bienvenido a nuestra "hambruna de tiempo"

El tiemo es, en nuestra sociedad moderna, una escasez, un "recurso precioso", y el enemigo tácito que debe ser sometido. Pero no siempre ha sido así. En otros momentos en la historia, el tiempo era abundante. ¿Entonces qué ha cambiado? ¿Cómo el tiempo se volvió en nuestra contra?

Cómo el tiempo "se aceleró"

Aquellos de nosotros viviendo en países desarrollados generalmente trabajamos menos que nuestros predecesores viviendo en los años 1850, y aún sentimos no solo que tenemos menos tiempo sino que también el ritmo de la vida sigue acelerándose. La causa de esta desconexión - que la socióloga Judy Wajcman llama la "paradoja de la presión del tiempo"—ha sido tema de debate entre historiadores y sociólogos.
Algunos han argumentado que solamente los avances tecnológicos han causado la aceleración del ritmo de la vida social. Pero esta no puede ser la única causa de nuestra hambruna de tiempo, ya que muchas máquinas "ahorradoras de trabajo" debían también ahorrarnos tiempo. Ya no gastamos largas horas lavando nuestra ropa a mano, por ejemplo, Hyperloop promete hacer que la ruta entre Los Angeles y San Fancisco se sienta en el futuro como un corto viaje en metro.
"Es el capitalismo, estúpido!", alguien podría ser escuchado exclamando. El difunto historiador E.P. Thompson argumentó que el capitalismo industrial requirió una nueva cosecha de trabajadores - trabajadores industriales - que estaban sujetos cada vez más al "tiempo-disciplina", el control social del tiempo a través de medidas precisas y administración despiadada. Este cambio en cómo trabajamos es un contribuyente obvio a nuestra actual hambruna de tiempo. Mientra que antes de la industrialización, los trabajadores eran más libres para trabajar con ritmos más naturales incluso estacionales, a partir de entonces fueron sometidos a las demandas brutales de un tiempo de reloj estandarizado y expectativas capitalistas sobre niveles de productividad cada vez más altos. Los trabajadores del conocimiento contemporáneos heredaron esta disciplina del tiempo, aunque ahora en forma digitalizada.
Pero a pesar del incremento del trabajo programado puede contribuir a la hambruna de tiempo, aún se queda corto para explicarla completamente. La industrialización creó no solamente una demanda de programación, sino también prosperidad. El Gran Enriquecimiento, un período que comenzó en 1800, vió ciudadanos en naciones desarrolladas hacerse 130 veces más ricos de lo que eran antes de 1800. Esta nueva prosperidad para muchos creó unna oportunidad de "tiempo libre" sin precedentes.
Las tecnologias para salvar el tiempo y la prosperidad, en lugar de hacernos pobres de tiempo, deberían hacernos sentir como si el tiempo estuviera de nuestro lado. Pero no lo han hecho.
La razón, asevera el sociólogo Alemán Hartmut Rosa, es la "aceleración social". En la visión de Rosa, solamente podemos comprender la aceleración de la cultura moderna una vez que vemos cómo las innovaciones tecnológicas, los cambios sociales y el ritmo de la vida todos se afectan y se refuerzan mutuamente. Escribe, "Examinar las relaciones causales entre las tres esferas de la aceleración social revela un ciclo de retroalimentación sorprendente: la aceleración tecnológica que está conectada frecuentemente con la introducción de nuevas tecnologías (como la máquina de vapor, el tren, el automóvil, el telégrafo, el computador, el Internet) casi inevitablemente provoca una cantidad de cambios en las prácticas sociales, estructuras de comunicación y formas de vida correspondientes. Por ejemplo, el Internet no solamente ha incrementado la velocidad del intercambio comunicativo y la virtualización de los procesos económicos y productivos; también ha establecido nuevas estructuras ocupacionales, económicas y comunicativas, abriendo nuevos patrones de interacción social e incluso nuevas formas de identidad social."
Agregaría un cuarto elemento a este modelo: el ritmo cambiante que el trabajo de conocimiento causó por la amenaza de la precariedad. La seguridad - en trabajos, bienestar, retiro y en casi todas las fronteras - se ha vuelto cada vez más rara a medida que el trabajo se vuelve un arreglo tarea por tarea.   El empleado precario teme perder su trabajo y con frecuencia es reponsable de tareas que una vez estaban distribuidas entre más empleados, mientras que el precario profesional independiente, ansioso frente a un futuro incierto, a menudo está completando una actuación mientras busca las siguientes. La inseguridad financiera engendra una actividad interminable y ansiosa y a su vez un sentido agudo de hambruna de tiempo.
Estas explicaciones, oscilando desde la menos a la más completa, todas tocan algo importante sobre nuestra hambruna de tiempo. Pero aún fallan en explicar un cambio más profundo en pensamiento que lleva a la experiencia moderna de la naturaleza del tiempo, siempre fugaz, siempre antagónica.

Dos formas muy diferentes de ser humano

En 1845, Marx escribió que "los filósofos hasta ahora solo han interpretado el mundo en varias formas; el punto es cambiarlo".
Una manera de leer esto es como una cristalización de la transición histórica del mundo cambiante que ocurrió en el siglo XVIII: los seres humanos dejando atrás la idea de que su propósito superior era contemplar el mundo (llamada la doctrina "Imagen de Dios") y en su lugar abrazar la idea innovadora de que el mundo necesita ser cambiado (llamada la "Teoría del Agente").
El filósofo Edward Craig describe está transición en su libro, The Mind of God and the Works of Man. Desde el siglo XVII hasta el fin del siglo XVIII, escribe, "el lema filosófico o eslogan [era] que el hombre estaba hecho a la imagen de Dios." Desde este punto de vista, los seres humanos eran espectadores. Ellos contemplaban su "relación divina con la realidad", buscando aproximarse a ellos mismos a la "mente de Dios". El objetivo último de la vida humana, entonces, era aprehender a Dios y la creación de Dios y así encontrar un hogar en él - no cambiar esta creación actuando sobre ella.
Pero entonces, sorpresivamente, la historia cambió el curso, y una "nueva imagen del hombre y la relación del hombre con la realidad" surgió. Después de 1780, los filósofos a mendudo describieron un mundo donde el ser humano ya "no es un espectador, sino un ser que activamente crea, o da forma, a su propio mundo". De acuerdo a esta "Teoría del Agente", los seres humanos son agentes, "creadores de su propio entorno". En nuestras manos, el mundo así se convierte en "el trabajo de la mente humana."
Nuestra postura metafísica hacia el mundo así cambia desde una en la cual somos espectadores - contemplando el mundo que fue hecho a imagen de Dios - hacia una en la cual somos agentes, asiduamente tratando de adueñarnos del mundo.
Para quien contempla, el tiempo es eternidad: la presencia total del ser, una bendición más allá de las palabras. Para el agente, el tiempo fugaz, no más que un momento extinguido por otro acto en vista de un futuro que se cree que es mejor. Esto es porque con la acción viene una carga no reconocida. Nunca tendremos suficiente tiempo porque el mundo, siempre llamándonos a tomar más acciones, nunca estará completo. Mientras seamos solo agentes, el tiempo nunca estará de nuestro lado.

Paz duradera

En el tiempo en que la Teoría del Agente - la idea de que nuestro deber es cambiar el mundo conforme a nuestras demandas en lugar de contemplar sus dones - tomó completamente el control, no es sorprendente saber que los retiros silenciosos, la desaceleración prometedora, se han vuelto tan populares últimamente. Por ejemplo, para evitar el agotamiento en Corea del Sur, "la nación más sobrecargada de trabajo en Asia", algunos Surcoreanos están dispuestos a vivir en celdas monásticas de no más de 53 pies cuadrados durante una semana. Abandonan sus celulares, utilizan uniformes azules, reciben comida a través de una ranura abierta y están de acuerdo con estar encerrados en su celda (mientras también son notificados de cómo ellos pueden quitar el seguro de la puerta si es necesario.
Pero mientras este tipo de ejercicio puede darle a las personas un vistazo en la quietud contemplativa, solo no es suficiente. Tampoco, por sí mismo, lo es el Movimiento Lento, que nos invita a ralentizar el ritmo de la vida cotidiana. Tan pronto como retornamos a nuestra "sociedad de la aceleración" y sus ritmos, también los patrones regulares, frenéticos que expresan la Teoría del Agente. Y montar el balancín esquizofrénico entre ser un agente a lo largo de la mayor parte del año y ser calmado de forma contemplativa o ir más lento en resumen, intervalos intermitentes no es una forma de vida. Esta es una imagen de incoherencia dolorosa.
Después de innumerables conversaciones filosóficas a lo largo de los años con individuos que trabajan en Silicon Valley, en Wall Street y más allá, aquellos para quienes la "hambruna de tiempo" es su modo de vida por defecto, he llegado a creer que lo que debe ser descubierto en cambio - y esto no es algo fácil - es la quietud contemplativa que existe bajo el ritmo de la vida, ya sea rápido, fluctuante o lento, esa sensación de paz duradera que T.S. Eliot llamó bellamente una vez "el punto quieto del mundo que gira". Cómo encontrar esa paz perdurable, ese terreno de Vida, realmente es la cuestión.


Fuente: https://qz.com/work/1272033/why-you-never-have-enough-time-a-history/

vendredi 29 juin 2018

Soy un "anti – carrera" y usted también debería ser uno

Desprecio las carreras. No esta o aquella carrera sino todas las carreras. Quiero decir que desprecio el concepto de “carrera” porque creo que es una mala idea – y destructiva.
Soy un "anti-carrera". Kate McFarland, proponente de un estilo de vida "anti-carrera" y quien creó el concepto, define a un anti-carrera como “alguien que escoge rechazar la búsqueda de una carrera en su propia vida.” Lo que me hace un anti-carrera en un sentido incluso más fuerte u objetivo, pues creo que poner cualquier carrera al frente y en el centro de la propia vida, sin importar quién sea uno o en qué carrera uno esté, es una idea mala y destructiva.
Mi objetivo es convencerle de ello.

¿Qué es una Carrera?

El ex presidente de Facebook, Sean Parker, una vez declaró: “Creo que una carrera es algo que su padre trae a casa en un maletín cada noche, luciendo cansado.” Sentimiento con el que estoy de acuerdo, pero como definición sigue siendo confusa. Está bien entonces, ser más claros primero sobre lo que voy a atacar vehementemente.
Una carrera no se puede reducir a un trabajo o a una cadena de trabajos. Cuando niños, algunos de nosotros tenía trabajos (y un trabajo puede ser comprendido en parte, como lo expresa Robert Bellah et al. “una forma de hacer dinero y ganarse la vida”), pero con razón no pensamos que esto fuera el comienzo de nuestras carreras. No, una carrera es cierta clase de relación continua que tenemos con un trabajo remunerado (o con una mezcla de trabajo no-remunerado y remunerado). ¿Pero qué clase de relación es esta?
En su libro Hábitos del Corazón: Individualismo y compromiso en la vida americana, Robert Bellah et al. define una carrera como “el trabajo [que] traza el progreso de una persona a través de la vida por logros y avances en una ocupación”. Esta definición tiene muchas cosas correctas: la centralidad del trabajo en la vida de cada persona, la importancia del progreso en el trabajo y los hitos claves marcados por los logros y avances en el trabajo. También implica, la idea de que si uno deja las finanzas y entra en la tecnología, entonces uno deja atrás una carrera por el bien de otra.
Sin embargo, el libro, publicado originalmente en 1985, no pudo prever el auge del trabajo independiente y de los portafolios de agentes libres, alguien que, siendo un producto del siglo XXI, “se inspira en otras disciplinas para crear una carrera adaptable, diversificada y personal”. Esto es la carrera personalizada, no estandarizada. Quien ofrece portafolios puede no pertenecer a ninguna industria u ocupación, pero de alguna forma ellas toman lo que está haciendo como una pieza con el portafolio de carrera de su estrategia.
¿Cómo podemos elaborar una definición que combine la Carrera 1.0, del Hombre leal a una sola corporación de la Organización de mitad de siglo, con Carrera 2.0 el agente libre neoliberal?
Definiré cualquier carrera sea la que sea como una historia de progreso centrada en el trabajo en primera persona sobre un curso de vida individual, una historia que confiere un sentido de propósito y unidad sobre experiencias de trabajo específicas (prácticas, trabajos, actuaciones, proyectos, premios, ascensos, etc.) como también una identidad formal (periodista, bombero, contador, coach ejecutivo, asesor de arte independiente, etc.) sobre un individuo. El objetivo de la carrera y entonces de la vida del “carrerista” es el éxito en el trabajo.
Un ejemplo de Carrera 1.0 puede ayudar. Durante un tiempo, las universidades han sido básicamente criaderos de “carreristas” (para ver esto, solamente piense en los consejeros de carrera, los centros de recursos profesionales, contratación de carrera y centros de avance…). Un estudiante va a la universidad y allí es preparado y clasificado en un campo particular o disciplina. Pronto debe elegir una industria para comprometerse (por ejemplo, periodismo), debe adoptar una identidad (un periodista), es alentado para elegir una especialidad (periodismo investigativo) y entonces graduarse y tal vez hasta su retiro se le dice que embarque una historia de progreso centrada en el trabajo y enfocada en asegurar posiciones periodísticas de más y más prestigio, escribir un libro o libros bien recibidos y lograr premios reconocidos por sus colegas en su industria. Este proceso transformativo puede ser traducido en una fórmula: “Yo soy un periodista trabajando en el campo de periodismo específicamente en A, y mediante mis experiencias de trabajo a través de los años estoy tratando de progresar de X a Y en el campo del periodismo”.
Millones de personas están viviendo sus propias versiones de esta historia cada día. Y es bastante malo.

Nueve Argumentos contra el “Carrerismo”

Presento nueve argumentos contra el “Carrerismo”:
Primero, una carrera, que es asumida para ser aplicable a todos (o implica, todos los que tienen suerte), es solamente un concepto de cuello blanco que nunca ha sido aplicado a las personas de clase trabajadora. Instaladores de tuberías, carpinteros y electricistas han tenido sustentos, no carreras. Mis tíos y primos que viven en Michigan rural eran granjeros y tenderos, no “carreristas”. En este sentido, la carrera no tiene en cuenta las desigualdades de clase y estatus y es realmente una forma implícita de esnobismo.
En segundo lugar, una carrera es una ilusión cultural compartida: ninguna carrera, ya sea de la clase que sigue la trayectoria ascendente clásica o ya sea de la variedad más independiente que es modelada en el “portafolio”, puede representar adecuadamente la realidad vivida. Si solamente prestamos atención, pronto descubrimos que nuestras vidas pueden fluir como agua, moviéndose de un lado a otro conforme a muchos factores, especialmente los no relacionados con trabajo. Podemos hacer muchas cosas diferentes en momentos distintos; nuestros intereses pueden subir y bajar o cambiar de dirección; nuestras curiosidades, ir más allá de los límites del trabajo, pueden acceder a energía vibrante en esquinas inexploradas. Siempre que no nos enfrentemos a la fuerza violenta unificadora de la carrera, nuestros días, nuestros años pueden moverse en zigzags, en remolinos y piscinas, en corrientes descendentes, en círculos abiertos. Con respecto a su imagen de lo que una sociedad comunista podría ser, Marx escribió una vez que como “nadie tiene una esfera exclusiva de actividad”, cada quien es libre para “hacer una cosa hoy y otra mañana, cazar en la mañana, pescar en la tarde, criar ganado por la noche, criticar después de la cena” todo “sin siquiera convertirse en cazador, pescador, ganadero o crítico”. Amén a esto.
Tercero, las carreras son grandes trampas. Desde una edad temprana, los niños son adoctrinados en la ilusión cultural compartida centrada en lo que ellos quieren ser cuando sean grandes, son conectados a la educación institucional durante 17 o más años, cargan con una deuda de préstamo estudiantil después de graduarse de la universidad, escuela profesional o escuela de posgrado, están moldeados en una “esfera exclusiva de actividad”, y finalmente ellos están acorralados como esclavos asalariados (en alguna variedad de Carrera 1.0 o 2.0) por el resto de sus vidas – la justificación para todo esto es que estaba al servicio de sus carreras. Es peor que un triste maletín, es un mal negocio.
Cuarto, la carrera infunde en el “carrerista” una auto-importancia inapropiada. Estoy en el centro de mi historia, me apresuro y utilizo al otro para salir adelante, debo darme crédito por lo que he hecho y entonces en mí siempre hay, como el filósofo Bernard Williams expresó tan acertadamente, “un pensamiento de sobra”. No soy, por ejemplo, simplemente amable de una manera intuitiva e inmediata, lo trato con amabilidad porque tengo el pensamiento de ser una persona amable. Doctorarse – un verbo- está bien, pero cuidar a un paciente porque uno tiene el pensamiento de auto-importancia de que uno es un doctor en una trayectoria ascendente no lo es. Sabiamente, en el Tao Te King, Lao Tze escribe que el sabio Taoísta se involucra en “Se trata de crear y, sin embargo, no hacerlo; trabajar y no tomar crédito por ello. El trabajo se hace y luego se olvida.” Una carrera, registrada y siempre actualizada en un CV o resume, no nos dejará olvidar lo que hemos hecho. Cada producto o proyecto, no un regalo, se convierte en suministro para un obituario pretencioso para ser escrito sobre nosotros algunas décadas después.
En quinto lugar, las carreras requieren que seamos transformados en profesionales y el profesionalismo es justo eso tan terrible. La actitud profesional es distante, rígida, efectiva y sobre todo, frígida. El profesional no es el Buen Samaritano, alguien que graciosamente recoge a un extraño moribundo en el camino, pues se acostumbró a decir “Usted no es mi responsabilidad a menos que “su caso” encaje en mi bien definido conjunto de deberes”. A través de un proceso de auto-disciplina profesional, nos enseñamos a nosotros mismos cómo convertir nuestros corazones en hielo. Si giramos nuestra cara a otros como personas, es afortunadamente porque la profesionalización no se mantuvo del todo.
Nuestras deficiencias éticas descritas en los argumentos cuarto y quinto se corresponden con nuestros déficits estéticos. Sexto entonces, reducir nuestra atención por décadas en una carrera nos convierte en seres humanos triviales. Esto es porque volvernos profundos implica nuestra confrontación directa y continua con grandes asuntos existenciales de la vida: nuestro sufrimiento, el engaño de otros, la locura humana, la existencia de una realidad superior, y nuestra distracción con el misterio, las cosas que no entendemos y tal vez nunca podamos entender. La profundidad en nosotros contribuye a la plenitud en la vida. Sin embargo un enfoque único en el éxito de la carrera, nos reduce al extremo de la superficialidad. Nos convertimos, en palabras de Nicholas Carr, en “personas panqueques” y entonces no merecedoras del don de la consciencia humana.
Séptimo el “carrerista” no suma el costo del colapso de la comunidad. Desde al menos el siglo XVIII, la crianza de los hijos Americanos ha sido orientada hacia el desarrollo de “individuos independientes y auto-suficientes”. Para este fin, Bellah et al. enfatizan cómo el tema Americano de “dejar la casa” ha jugado un rol clave en ese desarrollo. La crianza de los hijos les facilita a los jóvenes adultos convertirse en autosuficientes, entonces abandonan su ciudad natal donde crecieron, obtienen alguna clase de educación profesional y gastan sus vidas tratando de dejar huella en el mundo a través de su trabajo. Si, en este esquema educacional, la auto-suficiencia es el tronco del árbol y las ramas son dejar la casa, entonces la carrera es la apertura de la flor. Pero el costo incontable de esta fuerte independencia es la sensación de desarraigo, la destrucción de los lazos intergeneracionales de familia (la vida rural de ciudad pequeña anclada en creencias religiosas ha desaparecido), el aumento inexplicable de la ansiedad y la profunda soledad no expresada de los individuos solitarios viviendo en Nueva York sin nadie más que ellos mismos y conexiones profesionales débiles en las que confiar.
Octavo, tener una carrera es un pálido sustituto de lo que Nietzsche una vez llamó “muerte de Dios”, la pérdida de una comprensión culturalmente compartida de una dimensión trascendente existente más allá de nuestros asuntos ordinarios diarios. La carrera afirma que puede proporcionarnos sentido en cierto sentido más amplio, pero la verdad carece de la capacidad compensar lo que, según Pascal, era un “agujero en forma de Dios” que rodeaba la cultura moderna. La futilidad de una carrera se revela cuando tratamos de pretender que otra tarea, proyecto, ascenso o logro puede ser cualquier cosa menos efímera como la última. Ninguna pieza de trabajo concebida por humanos por sí misma tocará la eternidad o probará ser satisfactoria y duradera.
Noveno y último, una carrera es una historia empobrecida sobre porqué alguien está viviendo y sobre para qué es su vida. Su principal defecto implica plantear al tiempo dos preguntas muy diferentes. “¿Cómo vivir mejor?” es la cuestión primaria, esa de eudaimonia, la buena vida. “¿Cómo continuar sobreviviendo?” es la cuestión secundaria, que se refiere a la supervivencia humana. Comprendida correctamente, la primera pregunta tiene prioridad lógica y existencial sobre la segunda. El caso trágico de suicidios de personas físicamente sanas ilustra esta prioridad: algunas personas tienen todas sus necesidades materiales satisfechas pero aún así no ven razones por las que deberían seguir viviendo. La carrera es engañosa, entonces, en la medida en que nos hace creer que puede responder las dos preguntas al mismo tiempo al subordinar sentido al dominio del trabajo: Estoy aquí para que me paguen, y eso es todo. No, ciertamente no lo es.

Una Idea mala pero persistente

Durante mucho tiempo, la carrera ha sido una idea mala pero persistente. Se ha aferrado a la vida social, algunas veces cambiando de forma, casi siempre preocupándose en vano por su débil apariencia. Pero el tiempo ha llegado.
Debemos dejar de pedir a nuestros hijos qué quieren ser cuando sean grandes. Es una pregunta repugnante, delirante y perniciosa: es poco probable que muchas personas sean una sola cosa a lo largo de sus vidas y, lo que es peor, es un creador temprano de auto-absorción injustificada como también de trivialidad.
Y deberíamos querer vivir en un mundo en el que la pregunta intimidante ¿Qué haces?, sea vista como terriblemente vulgar y que no merece seria consideración. Deberíamos morir a esa pregunta también.
En cambio, deberíamos preguntar a nuestros niños, cómo, en un sentido fundamental, quieren vivir, qué y a quién desean cuidar, lo que finalmente buscarán, qué o por quién estarían dispuestos a morir, y cómo ellos pueden, cuando estén muriendo estar tan saciados de la vida que cierren sus ojos libres de remordimientos y arrepentimientos.

Morir a la carrera es comenzar a despertar a la vida.

Soy un filósofo práctico. Escribo sobre la historia de, el valor de, y nuestras actitudes hacia el trabajo en Quartz at Work. Y recientemente hice una TEDx Talk sobre el concepto de “trabajo total”.

Andrew Taggart
Filosofo práctico, Ph.D. | Ex NYC | Nómada Estacional | Más sobre Andrew Taggart: https://is.gd/PJFXzM


Fuente: https://medium.com/@andrewjtaggart/im-an-anticareerist-and-you-should-be-one-too-86a8c3685164