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vendredi 13 mars 2020

Sé amable con el miedo - Jeff Foster

Sé amable con el miedo. Es un hijo de lo desconocido. Ha viajado años luz para encontrarte.
No tengas miedo de sentirlo completamente. No te hará daño. Deja que se acerque, deja que te penetre si es necesario.
Siente su vitalidad, su corazón palpitante, sus vibraciones y hormigueos en el cuerpo. Hasta que no haya división entre 'yo' y 'miedo'. Hasta que no puedas llamarlo "miedo" en absoluto. Hasta que solo haya vida, cruda e inmediata, y sin nombre, y benevolente.
El miedo es una apertura a lo desconocido, una rotura de certezas. Es forjar un nuevo camino hacia la inmensidad de la noche. Es la emoción de estar despierto.
El miedo te recuerda que vives al borde del misterio. Que bebes de la fuente de la posibilidad. Que tu ser es vasto. Que solo lo falso puede morir.
No alejes tu miedo ni lo etiquetes como 'negativo' o 'no espiritual'. No finjas que no está allí. No se apresure a eliminarlo, transformarlo o incluso curarlo. No es un enemigo, y no es un error. Tiene gran inteligencia y poder curativo. Es antiguo y sabio. Inclínate ante él.
Que el miedo sea miedo, totalmente en sí mismo. Pero no tengas miedo. Deja que el cuerpo tiemble, deja que el corazón tiemble. Y sabe que estás presente. Abriéndose y abriéndote.
Deja que el miedo, tan incomprendido, descanse en tu vasto corazón. Déjalo caminar contigo. Cuando se siente no deseado, manténlo cerca.
De pie en el umbral, das esos primeros pasos hacia el vacío.
Estás temblando pero estás muy vivo.

Jeff Foster

vendredi 7 février 2020

La libertad de ser persona-río

Diario de una devota imperfecta

Erro. Erro porque soy un ser errático, como toda criatura bajo el influjo de sus predisposiciones negativas añejas y sus emociones aflictivas-vaivén. Pero lo grave no es el error, sino el mal hábito de no saber errar bien… la creencia de que a más cruento el azote, más brillante el halo de mi santidad: he aquí mi mayor condena; ser el vientre implacable de mi auto-desdén.
¿Quién dijo que la culpa es muestra de sanidad, cuando no es más que una fijación más de la mente auto-referencial? Me esclavizo a mí mism@ con cadenas forjadas de un acero aparentemente invencible: ese tesón retorcido del auto-flagelo que promete una redención que jamás logra, y procura en cambio una perpetuación certera del dolor. Qué gentil sería la pregunta: ¿cuál es el cambio posible?
¡Ay de mí si por fin me reconociera human@! Si supiera que no por aceptarme como soy hoy, anulo la posibilidad de desarrollo y expansión. No son incompatibles el reconocerme perturbad@, sufriente y animal, con el saber de la maravillosa inasible pureza de mi naturaleza, el valor inestimable de cada una de mis virtudes —diligentemente forjadas—, y de mi inconmensurable potencial.
Hoy decido declarar mi auto-salvación: me salvo de mi confusión de la contracara del orgullo —mi auto-denigración—. Me salvo como salva una madre pájaro al pichón herido, que llora por sus alas haber quedado muy grandes para seguir buscando resguardo en su corteza-prisión. Me salvo en ese instante en que me doy cuenta: no es mi error lo que me define, sino la libertad que me otorga el ser persona-río, un continuo a cada instante renovable, y futur@ hereder@ de mi presente habituación.
Erro porque soy un ser errático. Pero de la condena por serlo, este es el decreto de mi gozosa liberación.

Melisa Biondi (Tenzin Phurdrön)
Psicología • Espiritualidad • Arte